“Primero, la comida contiene mucha agua. El agua absorbe y transmite muy bien los impactos y genera explosiones interesantes. Segundo, es barata: no gano mucho dinero con estas fotos. Finalmente, la comida es fácil de reconocer, y me he dado cuenta de que a la gente le gustan las cosas que pueda identificar”.
Por estas tres razones descubre Adan Sailer
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su pasión por hacer explotar alimentos. Un acto que le ha dado notoriedad en Estados Unidos gracias a un sistema que ha hecho él mismo: un flash de alta velocidad ideado para poder captar las imágenes y la velocidad del impacto.Un hecho irreconocible para el ojo humano e imposible de conseguir con los equipos fotográficos actuales.
El arte de la colisisión, del impacto, del choque, de la fracción de segundo que lo divide todo en pedazos irregulares.
Oda a una destrucción hermosa que también tiene sus inconvenientes ”Las sesiones ensucian mucho más y atraen ratas. He tenido dos plagas desde que empecé con esta afición. Los peores productos son los pasteles y el yogur. Ambos llevan azúcar pegajoso, y cuando se secan se convierten en suciedad caramelizada muy difícil de quitar. Tienes que limpiar rápido”
Eso y captar el momento justo de la colisión no debe resultar nada fácil
”Si esperas demasiado, sacarás el caos total, una mezcla irreconocible de desechos. Si disparas demasiado pronto, las cosas parecen demasiado pacíficas. El equilibrio está en que haya suficiente destrucción para que veas qué está pasando, pero no demasiada para que puedas identificar el original“.




