30 metros cuadrados.






Photos: Andrea Kaiser

( … ) 

Noche alumbrada por el faro de los coches, por el eco de unas voces histriónicas de personas que cierran a oscuras un bar. En la cuadratura de un córner, en una desolada esquina nos aplastamos contra la persiana de una inmobiliaria, de un lugar tan desolado donde la gente ni siquiera acude para encontrar una casa, un local de 30 metros cuadrados donde la señora de la limpieza, los lunes y los jueves repasa sin pena ni gloria, después de colocarse unos auriculares, de esos antiguos, mientras le da al play. La misma chica que se dedica a robar los euros extraviados junto a la máquina de café. Los que pierde el oficinista que acude cada día a vender el humo que desprenden los pisos muertos que mendigan de amor en esta ciudad. Mendigos y huérfanos de amor. Como un cantautor que describe una sensación de amargura y nostalgia, una letra que tiene cara y ojos de mujer.
Amarilla y seca, alta como una torre.

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