“Para este proyecto, fui a un montón de bares y yo literalmente me arrojé a los hombres que no conocía. Yo uso mi cuerpo como un proyectil, lanzándome a mi misma contra los hombres fuertes y vulnerables que estaban esperando para cogerme.”
Interesante el trabajo y la lectura ente líneas de la artista Lilly McElroy en los que ella misma aparece fotografiada en diferentes lugares repitiendo el mismo acto, saltar y esperar ser agarrada por diferentes tipos que parece haber conocido en la barra del bar.
Bajo la luz tenue y apagada, donde todo se confunde mejor McElroy se lanza en un movimiento estático que capta la cámara hacia su interlocutor con el que no sabemos si ha interactuado lo suficiente.
Con un espasmo de fe ciega se lanza al vacío primero hacia arriba para reconducirse hacia la persona que tiene enfrente.
Un intercambio en los papeles. El hombre deja de tener su papel definitorio y el rol atacante lo adquiere la mujer a la que socialmente se le sugiere erróneamente un papel más pasivo ante la situación, adoptando una decisión final. Si o no.
Un escenario que evoca una cita a ciegas, un primer encuentro. Ella se lanza directa como una bala y el instante se congela .
Lo que no sabemos es lo que sucede tras el salto, en un movimiento agresivo, desesperado que intenta dejar claro los cambios en las relaciones y las facetas diversas del ser humano.
“Asentado en un perpetuo estado de incomodidad social y en plena posesión de la capacidad de subvertir los estereotipos de género, las fotografías plantear preguntas relativas a las relaciones, la conexión social, el sexo, el género, y el deseo de establecer relaciones rápidamente que son a la vez intensas y de larga duración”.
Artículo: Cristina García.




